20 de mayo de 2008

Rocco se ha quedado sin cacahuetes

La semana pasada esmerilaron a Rocco (esterilizado), le quitaron los cacahuetes y ahora tiene una costura entre de las dos bolicas. La operación fue rápida y sin complicaciones mientras estuvo ingresado en la clínica, un día. Los problemas empezaron cuando regresó a casa enfundado en una de esas capuchas de plástico para que no pueda lamerse la costura de la operación. Venía como un poseso, medio dormido, medio despierto, con los ojos desorbitados. Cuando salió del transportin empezó a dar tumbos a diestro y siniestro. Subía por los muebles, tiraba cosas... Quiso comer pero no atinaba con la caperuza de plástico y se enfurecía cada vez más. La cosa se iba complicando minuto a minuto. Rocco intentó escapar de la casa por la gatera. Como la caperuza le impedía el paso por el diminuto agujero, mi madre optó por abrirle la puerta trasera que da al jardín (por si Rocco quería hacer sus necesidades). Y a partir de ahí empezó el drama familiar, Rocco desapareció en un visto y no visto por la valla de cipreses. Ya nos ves a todos buscándolo por los alrededores de la casa, incluida Nala. Fuimos en su busca por las calles aledañas, por los terraplenes, incluso tuvimos que tocar la puerta de los vecinos por si estaba en su patio. !Sin resultados¡ Rocco recién operado había huido. No podéis imaginar la cara que se le puso a mi madre, la tenía como cuando has comido algo que te ha sentado mal y el cuerpo se descompone. Hay que ver como se manifiestan las emociones en los rostros humanos. Mi madre estaba patética. Todo ésto sucedía a media tarde, hasta pasadas las diez de la noche no apareció Rocco. Entró por la gatera, sin capucha y un poco más calmado. Se lanzó sobre mi madre pidiendo mimos a base de cabezazos, volteretas, empujones y no se qué cuantos movimientos más, extraños y compulsivos. Le dio la noche a mi madre. Mi madre estuvo toda la santa noche mimándolo en su regazo. Rocco con la mirada fija en mi madre no le dejaba mover una pestaña, así que ya los ves a los dos mirándose a los ojos horas y horas. Las escenas que tuvimos que soportar el resto de la pandilla resultaban bastante ñoñas. Confieso que sentíamos celos, yo más.
Los ojos de Rocco.
Cuando ameneció, Rocco seguía mirando a mi madre, no se dormía ni con el calorcito de los mimos ni por el cansancio. La que se durmió fue mi madre, a las nueve de la mañana. La mujer estaba rendida, pero contenta. ¿Sabéis porqué? Pues porque Rocco es el más dulce, cariñoso, bebón y osito de la panda, y se tienen un cariño especial. El veterinario que le operó dijo que Rocco se hará enorme y que habría que controlarle la comida. Como Rocco tiene libertad de movimientos y se pasa el día entrando y saliendo de la casa, es decir, hace mucho ejercicio, pensamos que gordo, gordo... no lo veremos. Tal vez grandote como en esta foto de posible futuro.
Otro consejo del veterinario fue que mi madre esconda la comida para que no vengan más gatos a casa (Xato y Negre entre otros), porque a este paso se arruina con tanta operación de esterilizado y manduqui. Mi madre no quiere gatos en celo por la casa, ya sabéis lo que suelen hacer. Por si no lo sabéis os lo cuento, se mean por todos lados incluidas las macetas. El orín huele a demonios y para colmo se pelean entre ellos defendiendo la zona de meadas. Un asco, de verdad. En este punto me paro a pensar qué pasará si todos los humanos próximos a gatos y otras mascotas las esterilizan. Acabarán con los animales de compañía en unos cuantos años. ¡Nos extinguirán! ¡Anitaaaa! ¡Mascotonessss! ¡Socorro! ¿Qué podemos hacer?
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