17 de abril de 2008

Mi amiga la Flaca es una perra maltratada

Todos los días voy a visitar a mi amiga la Flaca, nos saludamos a través de una verja rozando nuestros hocicos.

La Flaca es una perra dulce y agradecida. Lástima que sus amos no gocen de la suficiente sensibilidad para apreciar la bondad de la Flaca. Ella está continuamente intentando llamar la atención porque es consciente del abandono que sufre y porque pasa muchas horas encadenada, llorando para que la desaten, llorando porque llueve y tiene frío, llorando porque no tiene agua, o llorando porque sus amos están en la casa y no le hacen el más mínimo caso.

Han pasado tres estaciones desde que llegó, tres estaciones en un patio, rodeada por alambradas y con una vieja mesa de madera como guarida. ¿Puedes imaginarte cómo ha pasado el invierno?



La Flaca es una perra mestiza con rasgos de braco, debe tener un año de edad. Es tan cariñosa que siempre que pasamos delante de su verja intenta sacar su cabeza y sus patas para que la acariciemos. Como es tan grandota apenas puede asomar las puntas de los pies y el morrito, lo suficiente para que la podamos tocar. Lo agradece con miradas y gruñiditos que más parecen lamentos que risas. Tiene siempre los ojos enrojecidos.

Todos los días suelo colarme por la verja y me voy a jugar con ella al perro y el gato. Ella intenta correr tras de mi y yo me subo a los árboles. Mi ama le regaló un perrito de goma para que juegue cuando se queda sola. Se lo llevó en la gran bocota como a un trozo de tarta, lo escondió con mucho cuidado entre unos troncos y volvió para agradecer el obsequio.

Mi amiga la Flaca no ha tenido suerte y seguramente acabará como su antecesora, con una bronquitis crónica e infectada por garrapatas. Mi ama la acogió y cuidó durante los últimos siete meses de su vida, antes de que sus amos la reclamaran y desapareciera para siempre a los pocos días.

Puça, mi madre, vino huyendo de la casa de la Flaca, ella también buscó refugio y se quedó aquí. Nos llevaba a mí y a mis hermanos, porque llegó embarazada.

Desde hace pocos días la Flaca anda suelta por el patio, creo que su amo se ha responsabilizado de ella, o tal vez les han llamado la atención. Lo ignoro, pero ojalá no la vuelvan a encadenar nunca más. Ojalá los niños de su casa no le tiren piedras ni le den patadas, ojalá alguien se enamore de ella, de verdad, y se la lleve de ese lugar tan patético.

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