2 de marzo de 2008

La historia de mis padres

La historia de mis padres no es nada singular, excepto que ambos llegaron al que hoy es mi hogar buscando comida y cariño y se quedaron.  

Mi padre
Se llamaba Brutus y era un gato salvaje muy guapo. Tenía los ojos azules y un suave maular. Yo me parezco mucho a él. Seguramente era un gato maltratado porque huía de la gente.

Mi padre Brutus.

Fue novio de la anterior y única gata que habitaba en la casa. Se llamaba Pruna y era muy brava. Sus amos la dejaron en manos de mi madre putativa porque en su piso era muy agresiva y el veterinario aconsejó que la llevaran al campo.

Pruna (Ciruela).

Mi madre la amansó y le llegó a tomar tanto cariño que cuando los vecinos la mataron el verano de 2006 lloró mucho. Un día os hablaré de los salvajes de la vecindad. Mi madre estuvo disgustada mucho tiempo y mi padre también. Dicen que durante meses mi padre recorría toda la zona llamando a Pruna. Pasaba muchas horas en el jardín en actitud de espera hasta que un día dejó de llamarla.

Mi madre
Puça, mi madre, llegó a la casa el mes de febrero de 2007. Entró, pidió comida, se acomodó en el sofá y desde ese día vive aquí. Mi madre putativa dice que no tenía más de seis meses de edad, que estaba desvalida, muy flaca y tenía problemas en la cadera. En dos meses se volvió más juguetona, engordó y el pelo se le puso brillante.

Mi madre Puça (Pulga).

Tan regordita se puso que mi madre putativa (en adelante la llamaré mami) empezó a sospechar que estaba embarazada. Acertó. Me llevaba a mí y a mis hermanos. Cuando nací, mami descubrió que el padre era Brutus. Fue un buen padre, nos cuidó y nos llevó de excursión por los barrancos que rodean la casa.

Fin, continuaré con la historia de mi familia otro día.
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